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MADRID, 10 (EUROPA PRESS) Un estudio de la Veterans Affairs Portland Health Care System y de la Oregon Health & Sciences University, publicado en la revista ‘Alcohol’, ha concluido que el consumo excesivo de alcohol hace reaccionar de manera distinta a ratones hembra y macho ante el estrés postraumático. El desorden por estrés postraumático se ha relacionado con el desarrollo de desórdenes al consumir alcohol. De hecho, el 28 por ciento de las mujeres y el 52 por ciento de los hombres que lo padecen tienen un desorden alcohólico. La relación fluye en los dos sentidos: los síntomas del estrés postraumático pueden promover un consumo elevado de alcohol y el abuso del mismo empeora los síntomas del estrés postraumático. Un consumo excesivo de alcohol en forma de borrachera constituye un gran predictor de la dependencia al mismo, y el trastorno de alcoholismo se relaciona, en ocasiones, con episodios repetidos de borracheras. En este sentido, el estrés puede cambiar el consumo de alcohol de forma recreacional por una forma excesiva. Investigaciones anteriores ya habían mostrado que las anormalidades en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, un sistema biológico que controla la manera en la que el cuerpo reacciona ante el estrés, están presentes tanto en el síndrome alcohólico como en el estrés postraumático. No obstante, la investigación actual estudia cómo las diferencias biológicas de los sexos afectan a toda la relación entre el consumo de alcohol y el estrés postraumático. Los investigadores simularon un consumo excesivo de alcohol en los ratones hembra y macho que participaron en el estudio a base de proporcionarles el mismo como única fuente de hidratación, en siete sesiones intermitentes seguidas de un mes de abstinencia. Otro grupo de ratones hembra y macho bebieron agua. Paralelamente, los investigadores expusieron a los ratones al lecho, sucio, de una rata para causarles estrés. Una fase anterior de este estudio demostró que esta circunstancia incrementaba la ansiedad y los niveles de corticosterona, la hormona del estrés, en ratones de ambos sexos. Otras investigaciones ya demostraron que el olor de los depredadores puede producir respuestas psicológicas y de comportamiento en ratones similares a las que pueden observarse en situaciones de estrés traumático en humanos. El nivel de estrés en los ratones se midió mediante “la cantidad de tiempo que los ratones pasaban con los brazos abiertos o cerrados en test de cinco minutos”, ha explicado la investigadora principal del estudio, la doctora Deborah Finn. “Los ratones que exhibían mayor ansiedad pasaban más tiempo con ellos cerrados, mientras que los que mostraban menos ansiedad los tenían abiertos más tiempo”. Por sexos, los ratones macho que previamente habían bebido alcohol aumentaron su consumo del mismo en un 24 por ciento después de cuatro períodos estresantes durante 22 días, en comparación con su consumo básico de alcohol antes del comienzo del período de estrés. Los ratones hembra que pertenecían al grupo alcoholizado incrementaron su consumo en un 65 por ciento. Por otra parte, el comportamiento a la hora de beber después del episodio estresante, que se refiere a la frecuencia en la que el ratón bebía y cuanto bebía cada vez que lo hacía, se incrementó a lo largo del tiempo para el grupo macho que bebía en exceso pero no para el grupo de control. En el caso de las hembras, no se aprecia diferencia entre el grupo alcoholizado y el grupo que bebió agua. NIVEL DE PROTEINA EN EL CEREBRO Por último, los investigadores también utilizaron una prueba llamada ‘Western Blot’ para medir los niveles de proteína en el tejido cerebral de los ratones. Se centraron en la corteza prefrontal y el hipocampo, dos regiones del cerebro que son importantes en la respuesta al estrés. Dos proteínas involucradas en la regulación de la respuesta al estrés, el receptor del factor de liberación de corticotropina 1 (CRF-R1) y el receptor de glucocorticoides (GR), aumentaron significativamente con la exposición al estrés traumático y un historial de consumo de alcohol en la corteza prefrontal y el hipocampo de ratones hembras. Por el contrario, no se observaron aumentos similares en los ratones machos. La clara diferencia de sexo en los niveles de CRF-R1 y GR sugirió que el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal podría responder de manera diferente en hombres y mujeres al estrés traumático repetido y al consumo de alcohol a largo plazo. El estudio tendrá aplicaciones futuras, según los investigadores, en el desarrollo de un modelo para buscar mecanismos biológicos y moleculares que puedan conferir sensibilidad o resistencia al consumo excesivo de alcohol y la exposición al estrés postraumático. Enfatizan que hombres y mujeres necesitan tratarse esta condición de forma distinta.

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